El Espíritu de Bolívar
Por Gustavo Barroso.

Nota del editor
El Dr. Gustavo Barroso fue un destacado hombre de letras, abogado, representante diplomático y político patriota del Brasil, siendo el numero dos del partido Acción Integralista que existió hasta su prohibición junto a otros partidos políticos en 1937, durante el gobierno de Getúlio Vargas. Este movimiento en el plano ideológico no acepta el capitalismo, defiende la propiedad privada, el rescate de la cultura nacional brasileña, la moral, el nacionalismo, la práctica cristiana, el principio de autoridad (y por tanto la estructura jerárquica de la sociedad), el combate al comunismo y al liberalismo económico. Desarrollándose con una cosmovisión distante al racialismo nacionalsocialista, aceptando la identidad mestiza brasileña a plenitud.1
Barroso dejaría a su fallecimiento en 1959 una notable herencia literaria, con una producción de 1875 documentos, sin contar correspondencia, telegramas, memoriales, entre otros.2 Asimismo fue presidente de la Sociedad Bolivariana del Brasil y condecorado con la Orden del Libertador.3 En este sentido ha dejado testimonio de variados tópicos de la historia bolivariana, dejando títulos como: A profecia de Bolívar, Bolívar e o decreto de Trujillo, Jorge Washington e Simão Bolívar y el presente articulo, escrito en castellano con el nombre de El Espíritu de Bolívar.4
En el presente escrito Barroso sintetizara la condición creadora del pensamiento del Libertador de cara a la reorganización de las nacientes repúblicas hispanoamericanas en un bloque continental que contrarreste el intervencionismo extranjero. De aquí el autor sugiere y afirma que las posteriores ideas de confederar a estos países, con tal vez simientes ideológicas heterogéneas en la mayoría de los casos, tendrán todas origen común en los postulados del caraqueño. Enlazando, por ejemplo, con las palabras de un trágico Dr. Diógenes Escalante:
Menciono, en primer término, la profética concepción que tuvo el Libertador de la posición de América en los destinos del mundo. Desde 1813, después de su entrada a Caracas, y con más precisión en 1824, concibe un vasto plan de confederación continental, una liga anfictiónica de las nuevas democracias a base de igualdad entre sus miembros, cuyo objetivo miraba a la defensa común en los momentos de peligro, a la solución pacífica de los conflictos y a la afirmación armoniosa de la vida internacional de los confederados.5
Ciertamente, la palabra del panamericanismo expuesta por el autor dará mucho de que hablar en la época, ya que esta significación da a relucir la presencia estadounidense en el ideal americano del Libertador, con pros y contras, en los primeros tendremos al citado Escalante, mientras que otros como el ensayista nicaragüense Julio Ycaza Tigerino6, establecerán la primacía de la naciones hispanoamericanas en su pensar geopolítico, en detrimento del coloso del norte:
La idea de Bolívar era, pues, esencialmente la de un verdadero y auténtico hispanoamericanismo. Pero al momento de convocarse el Congreso de Panamá, Bolívar había delegado el Poder Ejecutivo de Colombia en el Vicepresidente Santander, quien, de acuerdo con el Presidente de México, Guadalupe Victoria, masones ambos al servicio del imperialismo norteamericano, desfiguró el proyecto de Bolívar, incluyendo a los Estados Unidos entre las naciones invitadas. El hispanoamericanismo de Bolívar se convertía de esta manera en panamericanismo continental, que en ese momento los propios Estados Unidos rechazarían porque no tenían aún la fuerza suficiente para imponer su hegemonía política en una Asamblea de tal especie, aunque aprovecharían la invitación para tratar de sabotear los planes hispanoamericanistas de Bolívar, haciendo propaganda a su democratismo en contra de los intentos monárquicos hispanoamericanos, según rezan las instrucciones del Secretario de Estado, Henry Clay, a los delegados Sergeant y Anderson.7
En fin, no venimos a cuestionar la concepción de Barroso, más bien se promueve el debate al respecto, de aquí uno se da cuenta de la trascendencia en los tiempos que aún encierra el pensamiento del Primer Positivista Americano, en palabras de Marius André.8
El Espíritu de Bolívar
Completáronse este año, el 22 de junio, 125 años de la instalación del famoso Congreso de Panamá, convocado por el Libertador Simón Bolívar en una circular a los gobiernos de los países del continente fechada en Lima el 7 de diciembre de 1824. Encontramos la génesis de esa idea en documentos anteriores: la célebre carta por él firmada en Jamaica el 6 de setiembre de 1815 y el Mensaje que envió a Juan Martín de Pueyrredon, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, desde Angostura en el día 12 de junio de 1818.
Así el genio político de Simón Bolívar tuvo la visión de una América libre y unida por solidaridad de intereses e ideales, capaz con la fuerza de esa unión de resistir a los imperialismos que amenazasen el mundo. Escogiera adrede un punto neurálgico geo-políticamente para el cónclave de las jóvenes naciones, aquel en que una cinta de tierra ligó los dos bloques continentales del Norte y del Sur, donde más tarde se abriría un nuevo Suez, tan importante comercialmente y estratégicamente como el antiguo, vía principal de comunicaciones entre dos mundos — el del Atlántico y el del Pacífico. No comprendieron perfectamente todos los pueblos americanos entonces preocupados con sus problemas internos, o con sus amenazas de recolonización europea, el valor y los propósitos de esa primera reunión americana, mas el futuro poco a poco les va mostrando la grandeza de la idea bolivariana. En verdad, solamente los genios saben y pueden lanzar esas semillas, cuya eclosión demora, pero que produce los árboles eternos que dan sombra protectora a la existencia de las naciones.
El Panamericanismo que a poco se va definiendo, estructurándose y fortaleciéndose con afirmaciones de unos y doctrinas de otros, nació del Congreso de Panamá. Las condiciones jurídicas internacionales que han preparado, a par de las Conferencias Panamericanas, un ambiente de comprensión y respeto mutuo del Canadá a la Argentina, brotaron de la simiente Bolivariana. Cuando en las constituciones, como en las brasileñas, se escribe la condenación de la guerra y cuando el recurso a los arbitrajes suspende hostilidades entre pueblos hermanos, todavía es el pensamiento visionario del Libertador el que informa esos actos de americanismo amplio y generoso. Ahora mismo, las alianzas que se tejen entre las naciones americanas en el sentido de la defensa total del continente contra amenazas de doctrinas peligrosas para la civilización cristiana occidental obedecen a aquella voz que las convocó otrora para una fuerte asistencia mutua y una gran cruzada de paz.
He aquí por qué la figura de Simón Bolívar se destaca entre las de los otros libertadores de América. Su acción no se limitó solamente al ámbito de su propia patria. No se proyectó únicamente sobre un grupo de países, antes bien se extendió al continente entero, de San Lorenzo al Plata y de los Andes a los litorales del Atlántico. Y, justamente, por abarcar las Américas con ese sentido de unión y justicia la idea extiéndese mas allá de ellas sobre toda la humanidad, como si nuestro continente lo repitiese al Viejo Mundo, olvidado de las lecciones que sus misioneros cristianos le trajeron en el pasado de los descubrimientos y de la catequesis.
El espíritu de Bolívar continua vivo en las Américas. Las Sociedades Bolivarianas multiplican por todas partes las lámparas votivas de su culto. Celébranse sus glorias de todos los modos. Y el Libertador, por la fuerza constructiva de su pensamiento, continua congregando a los hombres para fecundas obras de comprensión y de paz.
Es este el significado de la mudanza recientemente hecha de su estatua en la mayor ciudad de las Américas. Ella se erguía entre los arboles del Parque Central desde el 19 de abril de 1921, obra maestra de la escultora norte-americana Sally James Farnham, donada a los Estados Unidos por el Gobierno de Venezuela. El 14 de abril último, Día Pan-Americano, mudada de sitio, fue solemnemente instalada en la extremidad norte de la Avenida de las Américas, cuyo nombre recuerda aquella unidad continental en el sentimiento y en la fe que él deseó construir al convocar el Congreso de Panamá. En esa gran arteria newyorquina, la figura del héroe de 15 años de guerras presidirá el concilio de bronce de todos los otros libertadores americanos.
Le corresponde de hecho esta preeminencia, porque su sueño político no tuvo otras fronteras sino las de la propia humanidad. El pretendió, después de establecer el orden político estable en las naciones que libertó, agruparlas en una especie de confederación ligada por intereses e ideales comunes, la cual sería la base de una organización mundial de paz. Ningún sueño, pues, fue mayor que el suyo. El Espíritu de Bolívar creó el verdadero concepto de la América Libre como expresión política frente al mundo. De allí su inmortalidad.
Gustavo Barroso.
Río de Janeiro, 1951.
Articulo publicado en Revista de la Sociedad Bolivariana de Venezuela. Ediciones 34-37 (1952), p. 76-77.
Acción Integralista Brasilera. (s/f-a). Metapedia.org. https://es.metapedia.org/wiki/Acci%C3%B3n_Integralista_Brasilera#Historia
Museu Histórico Nacional - Acervo Arquivístico. p. 2.
https://atom-mhn.museus.gov.br/downloads/gustavo-barroso.pdf
Gustavo Barroso. História secreta do Brasil: volume I. Brasil (1990).
Museu Histórico Nacional - Acervo Arquivístico. pp. 20, 25, 30, 35. https://atom-mhn.museus.gov.br/downloads/gustavo-barroso.pdf
Diógenes Escalante. Bolívar, precursor del panamericanismo. Disponible en: El Libro de Oro de Bolívar, Venezuela. p. 127.
Ciertamente, este infravalorado político perteneciente a la fecunda generación patriota que surgirá a principios del siglo XX en la tierra de Sandino, necesita un estudio aparte, por quien el autor de la presente nota se muestra mas cercano de su concepto sobre la comunidad americana y bolivariana.
Julio Ycaza Tigerino. Bolívar, Padre del Hispanoamericanismo. Disponible en: El Pez y la Serpiente, revista de cultura, Nicaragua (26 Verano 1983). p. 131.
Marius André, El fin del imperio español de América, Barcelona (1922). p. 6.



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