
Preámbulo
Idearium Caribe celebra con jubilo sus dos años de existencia como proyecto intelectual y organización sin fines de lucro. En primer lugar, queremos agradecer a Dios Todopoderoso por permitirnos actuar con luces, con prudencia y responsabilidad. En segundo lugar, a toda nuestra base de seguidores y colaboradores que con contribuciones de todo tipo han hecho de este proyecto una posibilidad real. Todo nuestro trabajo está dirigido a ustedes y nos honra cumplir otro año en ejercicio de todas estas facultades.
En dos años, para resumir nuestra labor venezolanista, hemos logrado:
La digitalización de más de 200 libros perdidos, fuera de imprenta o descatalogados, entre los que también incluimos primeras ediciones y traducciones foráneas.
La edición de la revista Colombeia (ISSN 3069-7700) con cuatro números publicados exitosamente para provecho de nuestros colaboradores y lectores.
La novedad editorial de Colombeia es que, a partir del año que viene, adoptará el sistema de revisión por pares para acceder a repositorios indexados. Esto hará que la revista pueda entrar en una dimensión académica. Aparte del Consejo editorial de Colombeia, habrá un consejo externo de revisores y árbitros.
Más de 110 artículos originales publicados en nuestro boletín digital, que ha sido una de las piedras angulares del proyecto. Entre esa decena de artículos, también se encuentran entrevistas, archivo de hemeroteca y transcripciones curadas.
La adquisición de material técnico y recursos, por cuenta propia y apoyo de nuestros colaboradores, para seguir la labor de digitalización. Hoy día contamos con dos escáneres modernos.
La creación de un archivo físico internacional donde depositamos todas las obras rescatadas para asegurarnos de la prolongación de la existencia de estas obras, frente a las prácticas predatorias de grandes compañías de inteligencia artificial.
La creación de una base de datos en Archive que sirve de biblioteca para provecho de todos los venezolanos, pues nuestra misión es fortalecer la educación autodidacta cuando los medios formales y las instituciones fallan en educar al venezolano.
En consonancia con lo anterior, aunque todavía estamos en proceso de ingresar a este campo de archivo y digitalización, hemos formalizado una colaboración con Archive, por medio de Community Webs, para crear un archivo de páginas web que sirvan para cuidar y resguardar la memoria de la nación venezolana. Es decir, que no sólo rescataremos libros, como ya venimos haciendo, sino páginas web. Esto implica artículos de prensa, blogs, hemeroteca, entre otras cosas.
Nuestra constitución legal como organización sin fines de lucro, nos ha permitido establecer un voluntariado con el que hemos abierto la puerta a miembros nuevos que fungirán como voluntarios en las múltiples áreas de trabajo que hoy tenemos. Es una oportunidad de formación intelectual, técnica y material. Extendemos la invitación a quienes consideren que pueden aportar un grano de arena a la labor de Idearium Caribe.

Scriptorium Caribe
Por Jonhangel Sanchez Utrera
Para hacer obra nueva hace falta comprender qué y quiénes nos preceden, parece una obviedad pero como toda tradición que degradó en hábito y que, después, se ha concebido como actividad improductiva en lo líquido y casi intangible de la contemporaneidad, es necesario recordarlo como una función indispensable para la vida plena de un pueblo.
No hay quien pueda edificar un hogar sin conocer los cimientos de los que se compone el suelo, ni tampoco se pueden realizar milagros económicos en regiones donde se ignoran las formas en las que existe un pueblo. No se puede comprender la convivencia natural entre ciudadanos sin repasar la historia que los reúne como colectividad, ni mucho menos se pueden tejer gobiernos ni ministros capaces sin la existencia de una formación precisa en clave del perfil y las necesidades de una nación. En cualquier cosa que nos propongamos existe una exigencia de comprender y saber obrar con y alrededor de las características y los rasgos de la tierra que habitamos y de la gente con la que convivimos. Y para esa comprensión es necesario educarse.
Desde hace dos años Idearium Caribe se ha propuesto la tarea prometeica de realizar trabajos casi de arqueología, para hallar y preservar esas memorias elementales de la nacionalidad y así entregarlas de manera magnánima e incondicional a los venezolanos repartidos por todo el mundo, todo ello en forma de libros que adquirimos con dinero propio o donado por nuestros lectores. Salvando las distancias con el mito griego, el equipo se ha encargado de convertir nuestros pequeños hogares en las unidades de un gran scriptorium, aquel espacio de los monasterios del medioevo destinados a la reproducción y conservación de los manuscritos de la antigüedad.
En un tiempo donde lo digital ya es un paradigma y los medios físicos quedan expuestos al deterioro a causa del paso del tiempo, urge más que nunca la obra de inmortalizar las piezas que componen la consciencia colectiva de nuestra nación. Si en el pasado los monjes copistas utilizaban la caligrafía y el pergamino para salvaguardar los vestigios de Grecia y de Roma, hoy la tecnología nos permite hacer lo propio con la inteligencia y la memoria de los prohombres, muchas veces nuestros padres y abuelos, que formaron parte en la constante construcción de nuestra Patria. Un escáner puede ser para nosotros la noble herramienta que permite mantener vivo el espíritu que sirve de sustancia y vértebra de la sociedad.
Nuestra Biblioteca Digital se compone, a día de hoy, de más de 200 volúmenes de trabajos desclasificados y fuera de imprenta que reúnen toda una plétora de temas, categorías y ópticas como lo pueden ser la biografía, la ensayística, la antropología, la economía, la sociología, la geografía, entre muchos más; además de reunir también archivos documentales, antologías de prensa y recopilaciones epistolares; entre múltiples autores, colecciones y ediciones, sean primeras y definitivas, en español u otros idiomas.
Cualquier aspiración que cultivemos en nuestro interior y que tenga posibilidades de ser algo real y positivo para la colectividad, puede encontrar sus fermentos de futuro en cualquiera de las millones de páginas que hoy conforman nuestra Biblioteca Digital, disponible para todo público de manera gratuita, sin condición ni restricción alguna. Un axioma del Libertador, un entusiasta ensayo de Arturo Uslar Pietri, una rústica anécdota de José Antonio Páez, un robusto volumen de Caracciolo Parra Pérez o un sesudo análisis de Federico Brito Figueroa pueden ser el primer cimiento intelectual en la obra que cada venezolano se le ha sido otorgado como deber por el destino para la reconstrucción de la Patria.
He allí la necesidad de leer, no como un medio de memorización estricta o la vanagloria de unos selectos sabiondos, sino como un elemento crucial en el desenvolvimiento de nuestra realidad física y social. Palabra que no se traduce en acción es palabra hueca. El objeto de la Historia es «presentar las formas antiguas como elementos indispensables para el proceso de reelaboración de cultura que corresponde a cada generación», como ya lo decía Mario Briceño-Iragorry.
Puesto en perspectiva, la digitalización de un libro es una tarea rutinaria, casi mecánica: seleccionar, digitalizar, editar, reorganizar, empaquetar, clasificar y subir al internet; resumiendo a grandes a rasgos. Es un oficio sencillo y secular, no dista mucha diferencia de quien cría ovejas para luego fabricar hilos con la fibra de su lana. Pero la verdadera significancia se encuentra en cómo cada libro digitalizado se concatena el uno con el otro hasta conformar una estela de conocimientos al alcance de todos. Un rollo de buen hilo tiene usos infinitos, casi siempre con el fin de unir, de conectar, de sostener a uno o varios elementos. Un buen libro puede, de la misma manera, unir a un pueblo y llevarlo a transformar su vida.
Ha sido este un oficio fundamentalmente sencillo y práctico en la preservación de los valores morales, los hallazgos intelectuales y la sustancia cultural de nuestro pueblo; todo en pos de un futuro más digno y admirable que podamos, y debemos, construir con nuestras propias manos. Bien afirmaba Don Mario, en defensa de la ganadería nacional, rememorando su trascendental y secular importancia durante el desenvolvimiento de nuestra Independencia, que «la guerra no podía hacerla un pueblo sin carne ni pan propio». Y en ese mismo orden de ideas, podemos afirmar que la obra de construcción y de siembra que tanto necesita Venezuela solo la puede realizar una juventud nutrida en los valores y conocimientos contenidos en esa infinidad de páginas que se extienden por la totalidad de los límites físicos y temporales de nuestra geografía.
Nos señalaba Alberto Adriani, por allá en 1919, como eterno recordatorio durante los años decisivos en que él y sus colegas se formaban para asumir el deber que el destino les había encargado: «Juventudes apasionadas renuevan el culto a las nobles ideas, y mantienen y hacen virtuales esas tradiciones. En las actuales generaciones, dotadas de robusto optimismo, es un acto de fe que se hace virtual». Hagamos de estas palabras nuestra consigna. Sigamos el ejemplo, más de cien años después, de aquellos nobles venezolanos, intelectuales que admiramos o familiares nuestros, que nos legaron una patria a la cual llamar hogar y que se encuentra tan necesitada de personalidades útiles y de acciones tangibles: pues cada libro en manos de nuestros connacionales es un ladrillo más en la reconstrucción de Venezuela.
En torno al venezolanismo
Por Alejandro Perdomo Fermin
Idearium Caribe cumple, para gozo de sus miembros y colaboradores, dos años desempeñando una labor modesta, silenciosa, sin afán de reconocimiento, en provecho de toda la patria. Hemos dado muchas definiciones al «qué somos», a la labor que hacemos y los propósitos que tenemos de cara al futuro. Sin afán de repetirnos, bien podríamos decir que Idearium Caribe, en tanto asociación y cara visible de un grupo enérgico de venezolanos, se concibe como una unión inquebrantable de inteligencias. También es una forma de vivir, de concebir las cosas, de querer y entender al país. Es un ideal de enriquecimiento, ennoblecimiento e hidalguía, contra la pobreza, el envilecimiento y la villanía. El Caribe de las inteligencias, la Caribeada, reúne el pensamiento histórico, canónico, de los grandes filósofos, teólogos, santos, doctores y letrados de la civilización nuestra, que hoy tanta decadencia vive. Una civilización que, en su declive, amenaza con llevarse todo el conocimiento y la sabiduría histórica al olvido, frente a lo que hoy es un materialismo disgregador, un capitalismo religioso, si se nos permite emplear la expresión de Benjamin.
Contra viento y marea, en esta larga odisea en el Caribe, nos hemos dedicado con el más alto empeño en servir como herramienta para el crecimiento intelectual de todos los venezolanos, aspecto desentendido por el mal gobierno y que no deja de ser una consecuencia del proceso de desintegración de la nación. Venezuela es nuestro rumbo, aunque muchas veces se nos haga lejana. No creemos en la Venezuela de los partidos políticos, de los ingenieros de masas, de los desvergonzados idealistas sujetos a ideologías, ni siquiera en la Venezuela del presente —que algunos «pensadores» de la modernidad líquida consideran la «real» porque lo «real» ha de verse feo, gandul, repulsivo, inerte—, sino en la Venezuela que siempre ha estado presente como una arcilla que han moldeado todos los miembros del gentilicio desde unas tradiciones, usos y costumbres históricos. Venezuela no es la que nace entre 1810 y 1811, por decreto, sino aquella que surge como producto de la convivencia histórica entre comunidades. Nuestra misión es restaurar, a partir de las letras y la educación, la idea de una Venezuela eterna, perenne, con ciudadanos virtuosos que entiendan sus responsabilidades con la res publica. Muchos hombres fueron visionarios en su amor a Venezuela, el primero quizás fue Carlos III, que movido por el entusiasmo de una viva comunidad de hombres ilustres ligados por lazos familiares, decide bosquejar una primera idea de patria, aunque esta fuese una extensión provincial de la patria pequeña que ya había fundado Diego de Losada, para honor de la religión católica, del apóstol Santiago y de la Corona. Una idea de lo esbozado anteriormente ya lo expone Mario Briceño-Iragorry en sus Tapices de historia patria, sin dejar de lado aquel insigne libro El régimen español en Venezuela de Caracciolo Parra-Pérez.
Como las carabelas de Colón, enviado por una Corona que sabía que seguía una misión providencial y no estrictamente comercial, ni geopolítica, las carabelas de la Caribeada pretenden surcar el Caribe y atracar en las Américas, para provecho de Venezuela y de todas las naciones de la Etnarquía hispanoamericana. Hemos dejado claro, en múltiples ocasiones como sabrán nuestras lectores, nuestra vocación americanista, tanto al incluir a colaboradores de naciones hermanas como al embarcarnos en múltiples alianzas y acercamientos para mejorar, desde nuestras humildes posibilidades, las relaciones entre naciones que parten de un mismo tronco. Es mucho, sí, para un proyecto que todavía es pequeño pero nunca es malo ambicionar en provecho de todo lo que amamos con tanto anhelo. A Dios Todopoderoso, a nuestros padres, a nuestra patria, a nuestros compatriotas, a nuestro suelo, a todo lo que nos pertenece por derecho histórico. Estamos convencidos de que Venezuela es el puente a la restauración de los principios primordiales, supremos, que han regido a nuestra entidad civilizatoria desde el primer estandarte clavado en las tierras del Nuevo Mundo. Bello y Rodríguez, a los que se les hace deudores de la Ilustración cuando, en realidad, deben todas sus meditaciones e ideas al Siglo de Oro, coincidían en que únicamente la educación podía crear verdaderos ciudadanos comprometidos con una república, lo que no viene a ser la idea injertada que tenemos desde el siglo XVIII, sino la cosa pública como concreción del bien común. Como Bello, contra Sarmiento, defendió la integridad del castellano, de las letras, de nuestras costumbres, defendemos hoy nosotros la integridad de lo que es ser venezolano y americano. Nos sentimos herederos de una tradición histórica.
Habrá quien nos tilde de casticistas, incluso de clasicistas; no rehuimos de aquellos rótulos o calificativos, pues el ser venezolanistas condensa todas aquellas ideas estéticas e intelectuales. El venezolanismo no es aquel nacionalismo vulgar que algunos plantean, encerrados en nostalgia y pésimo entendimiento de los acontecimientos políticos, como queriendo revivir las religiones políticas, sino es la búsqueda de la esencia de lo que es ser venezolano. El venezolanista busca respuestas en su la historia, en el acontecer histórico-político, en las tradiciones, en las costumbres. El venezolanismo puede ser, en regla, un tradicionalismo, también un casticismo y un clasicismo. Venezuela es la herencia de una tradición histórica en el tiempo, de los frutos de una civilización mayor y de una continuidad entre las grandes civilizaciones de este mundo, no es simplemente producto de la decisión de unos y otros, no es una idea ilustrada imaginada en la mente de los hombres de una época. Idearium Caribe pretende ser el recordatorio de esos nexos, de esa unidad de ideales y fundamentos.
Bajo el signo del nuevo Caribe
Por José Alfredo Paniagua
Mariano Picón-Salas, en su prólogo dedicado al pensamiento de Alberto Adriani, en la segunda edición de «Labor venezolanista», definía a Adriani, de entre tantos epítetos, como un hombre de «fiebre creadora». Esa misma fiebre creadora, que aparece junto a los deberes patrios de las nuevas generaciones, condiciona positivamente la visión de nuestra misión en Idearium Caribe.
Después de dos años, limpios en cualquier intento de desprestigio, con el solo paso seguro del progreso de la acción visible, nuestros repositorios digitales, complementados con creaciones intelectuales autónomas y de obras venezolanistas para el acceso público y gratuito, nuestra trayectoria parece ser signo de un renacimiento del Caribe intelectual.
El país al que le entregamos nuestras ofrendas en formas de esfuerzo diario, de largas madrugadas de lecturas y escrituras, en fines de semana resguardados de las tentaciones hedonistas o mediocres, aún no se ha materializado del todo ni ha hecho acto de presencia, porque la idea de ese país aún se mantiene en construcción. Nuestra labor venezolana, que es un tarea de conjunto, aunque con rasgos individuales, entre estilos y caracteres, es una tarea de generaciones presentes y futuras. Porque no se debe pensar y ver al país en términos de oportunismo banal, sino en una perspectiva de eternidad cultural, social y política.
Si antes, durante los años de la modernización técnica, el tractor era el símbolo del avance nacional, hoy, en momentos de barbarie, derroche y caos, el libro, en tanto forma física como digital, constituye el objeto indispensable de la evolución de la nacionalidad venezolana. Hoy la lectura vuelve a ser el principio y medio de la grandeza nacional. La educación, sabemos, en boca del merideño ilustre, es el factor capital de las grandes transformaciones históricas.
Idearium Caribe, signo de la Venezuela posible, sirviendo al ideal de la americanidad, se eleva por las pretensiones intelectualoides y las vanidades ególatras para ubicarse en primeras líneas de combate para mostrarse al escenario y ser trinchera de resistencia y creación. Nuestro signo es el nuevo sol que nace en el Caribe, nuestra intención es ser esos renovados exponentes del gran Trópico y mostrarse al mundo en tanto potencialidad cultural, demostrando que la mediocre referencia del Caribe predominante en el resto de la región es categóricamente falsa y errónea.
A la contribución noble de esa audaz faena se le suman otros elementos humanos, distintos jóvenes, muchos de ellos con talentos para percibir y ser sensibles al medio social de su tiempo. Se olfatean en estos días, la necesidad de una generación ansiosa por la acción renovadora. Creemos firmemente en el mandato dictado por nuestro Libertador Simón Bolívar: «La gloria está en: ser grande y ser útil». Grandes son nuestros avances y útiles sus huellas para la presente generación de compatriotas.
Hoy, en su segundo aniversario, con un centenar de publicaciones, cuatro ediciones de revista y miles de seguidores y admiradores de nuestras labores, Idearium Caribe no desiste de su paso vencedor, aparece como un soldado anónimo entre la multitud de los guerreros, en medio de lanzas, bayonetas y sables, abriéndose paso con gallardía a la elevación del heroísmo de antaño. Se cuenta con la pasión de Eduardo Blanco, pero también con la rigurosidad de Vallenilla Lanz. Somos apasionados como Picón-Salas, Mijares y Blanco Fombona; pero dóciles y cautos como Uslar Pietri y decididos y firmes como otros tantos representantes de nuestra tierra de gracia.
Los esfuerzos de los jóvenes venezolanos de hoy
Por José Ortega
Hay que esperar mucho y pedir mucho a los jóvenes venezolanos de hoy. Más que cualquier otro esfuerzo aislado, tienen la posibilidad de cambiar lo que generaciones enteras se han esforzado y no han podido. Sin embargo, para tan grande responsabilidad, casi nunca han contado con mucha ayuda, ni siquiera con el tiempo necesario para detenerse a pensar en el rumbo que deberían tomar sus propósitos para poder construir el país que sueñan.
Hay ciertamente quienes desdeñan esta clase de trabajo, pues casi siempre es desinteresado, sin fines de lucro; con errores que no solo pesan sobre la calidad de las acciones, sino sobre la posibilidad misma de que la gente joven vuelva a interesarse por su propio país. Sin más recursos que la voluntad y la testarudez, les toca esforzarse por levantar un país, de manera abnegada.
Precisamente, la idea de fondo de la fundación de Idearium Caribe va más allá de ser un simple repositorio de artículos, ideas, libros: es formar una juventud capaz de pensar su propio país con herramientas con las que antes no contaba. El proyecto se ha entendido siempre en dos frentes, y ninguno de los dos basta por sí solo. Uno es dar tribuna a los jóvenes venezolanos que quieren pensar, escribir, actuar con sus propias manos. El otro es preservar y poner a libre disposición el patrimonio intelectual de Venezuela. De nada sirve digitalizar libros si no hay quien los lea con criterio propio, y de nada sirve dar tribuna a jóvenes que no han tenido dónde o cómo formarse ese criterio.
Lo más importante de estos dos primeros años no han sido los artículos o incluso la digitalización de una cantidad cuantiosa de libros, que superan los 200. Aunque eso también cuenta, claro, el objetivo siempre fue demostrar que un joven venezolano puede formarse a sí mismo, sin depender de una institución que lo tutele, si tiene a la mano los materiales necesarios y la voluntad de usarlos. Porque formarse y pensar por cuenta propia no se aprende teniendo acceso a un catálogo enorme de archivos digitalizados, y si se aprende solo así, vale tanto como si no se hubiera aprendido: resulta en un simple ejercicio de acumulación sin sentido de citas, párrafos.
Todos las obras que se han digitalizado, todos los artículos que se han escrito, en general, todos las iniciativas intelectuales que se han llevado a cabo, son buenas para este aprendizaje, sea de historia, filosofía o pensamiento político: el de aprender el valor de la historia nacional, el valor del criterio propio y el amor a la patria. Nada de esto, por sí solo, forma a nadie; lo que forma es el hábito de leerlos con la voluntad de entender, no de acumular. Porque esa debería ser la misión más importante de todas las iniciativas que quieran tener éxito, ayudar a formar ciudadanos que piensen con cabeza propia, no repetidores de consignas ajenas.
Cumplir dos años no es, entonces, motivo de descanso. Es apenas la prueba de que el camino elegido era el correcto, y la primera señal de que puede sostenerse. Queda por delante la tarea más difícil: sostener, año tras año, la misma disciplina y la misma humildad que hicieron posible este hito.
Idearium Caribe como un medio de expresión para los jóvenes: Una experiencia personal
Por Luis Alejandro Niebles
Desde mi experiencia como estudiante de pregrado en la Escuela de Historia de la UCV, nuestros profesores suelen insistir en que, cuando nuestras investigaciones y trabajos finales tienen cierta calidad, deberíamos considerar la posibilidad de publicarlos. Especificamente no se trata de publicar las tareas de las materias, sino de comenzar a dar circulación a nuestros propios escritos. Es comprensible que lo planteen de esta manera: como investigadores en formación, la publicación de artículos permite ir construyendo un portafolio y, al mismo tiempo, dar a conocer nuestro trabajo.
Para quienes estamos comenzando a investigar, tanto autodidactas como aquellos que actualmente nos encontramos estudiando alguna humanidad o ciencia social, publicar por primera vez puede resultar agobiante. Una vez que un escrito se publica, pasa a formar parte de un ámbito público y queda expuesto a diferentes tipos de críticas y observaciones. Ese temor es parte de la experiencia de quien comienza a escribir y publicar, pero también existe una dificultad más práctica. Esa es la de encontrar un medio o una publicación en la que sea posible dar a conocer el trabajo.
Cuando comencé a escribir para el boletín de Idearium Caribe, según recuerdo, entre el sexto y el séptimo semestre de la carrera, conocer las principales revistas o periódicos digitales y las posibilidades que ofrecían para publicar era algo complicado. La situación actualmente es distinta, al menos en lo que respecta a la difusión y a la existencia de iniciativas que incentivan la publicación. Ante aquel vacío publiqué mi primer artículo, que en realidad era el trabajo de investigación final de semestre presentado durante el seminario de Violencias Políticas en la Escuela de Historia. Idearium Caribe, como propuesta intelectual y cultural, apenas tenía unos meses de haberse anunciado, por lo que representó una oportunidad para que dicho trabajo pudiera ver la luz.
Quizás, sin la existencia de una iniciativa como Idearium Caribe, aquel trabajo hubiese quedado enlatado. Con el tiempo descubrí que el proyecto podía servirme para algo más que evitar que los trabajos de las materias quedasen guardados entre mis archivos. También podía ser un espacio para comenzar a desarrollar algunas reflexiones e inquietudes que tenía en mente y que, aunque quizás podrían haberse expresado en un formato más banal, tal vez en un hilo de lo que antes era Twitter, encontraban en el ensayo una forma de expresión más adecuada.
De este modo, los breves ensayos que he ido publicando regularmente me han ayudado en el ejercicio de escribir y en el intento de dar cierta cohesión a lo que originalmente suelen ser corazonadas, intuiciones o ideas inconexas. También me han permitido perder progresivamente el miedo a publicar y adquirir mayor seguridad en mis planteamientos y en la calidad de mi trabajo.
Por todo esto, valoro especialmente la existencia de una iniciativa como Idearium Caribe y la posibilidad que ofrece para quienes estamos comenzando a escribir en Venezuela. No soy parte de sus fundadores ni de sus primeros escritores, pero sí puedo decir que, desde mi perspectiva, el proyecto ha crecido paralelamente a mi propia trayectoria, obviamente corta, de escritor. En cierta medida, mientras yo he ido aprendiendo a escribir y a publicar, también he visto crecer el espacio que me permitió comenzar a hacerlo.
Redescubrimiento
Por José Gregorio Sáez
Idearium Caribe ha sido, desde mi participación particular, un proyecto innovador en el propósito de forjar nuevas mentalidades en una situación particularmente compleja, no solo en Venezuela, condicionante por las dificultades para todos quienes hacemos parte de este gran equipo, sino para todo el continente, que se encuentra en un proceso de introspección de la historia patria para responder a las interrogantes de la actualidad.
Todo este proceso de introspección, de revisión nacional, se da gracias al talento que tiene disponible Idearium Caribe como fundación, que hace posible una tarea que es indispensable y que todos pueden asumir desde sus propios frentes: desde las entrevistas, pasando por la redacción de artículos, la digitalización de extensas colecciones bibliográficas y la elaboración independiente de editoriales académicas. Todo esto con el austero aporte económico que sus miembros y otros valiosos aportadores otorgan para que el proyecto continúe sosteniendo esta gran labor por despertar el fuego de la curiosidad y el espíritu de lucha en todos los venezolanos.









