No sólo matan los terremotos, sino el poder
Algunas conversaciones sobre la idea de biopoder y necropolítica

Hemos adaptado al formato entrevista, con ayuda de herramientas modernas, una conversación que sostuvimos con nuestro colaborador, colega y amigo el Dr. Leonardo L. González C., en relación a la actuación del gobierno venezolano en la crisis humanitaria tras los terremotos de junio de 2026. Nos gustaría iniciar este formato con un extracto de Necropolítica de Achille Mbembe:
En la formulación de Foucault, el biopoder parece funcionar segregando a las personas que deben morir de aquellas que deben vivir. Dado que opera sobre la base de una división entre los vivos y los muertos, este poder se define en relación al campo biológico, del cual toma el control y en el cual se inscribe. Este control presupone la distribución de la especie humana en diferentes grupos, la subdivisión de la población en subgrupos, y el establecimiento de una ruptura biológica entre unos y otros.1
¿Cómo describiría lo que está viviendo Venezuela en este momento?
Fíjense bien en lo que está pasando en Venezuela, en lo que estamos viviendo. No hay otra manera de nombrar esta tragedia: es un desastre espantoso, dantesco, para el que no existen palabras que lo califiquen propiamente. Siendo un desastre natural, ha terminado convirtiéndose en una masacre. Y digo masacre en este caso pensando, y lo afirmo con todas sus letras, en los órganos del Estado y en quienes encabezan al gobierno.
¿Por qué responsabiliza directamente a los órganos del Estado?
Digo «órganos del Estado» entre comillas, y esto lo explicaré más adelante. Lo que quiero decir es que se está incurriendo en una omisión deliberada. Es decir, aquí no se trata de imprudencia, que es uno de los ámbitos de la culpa hablando en derecho penal, ni de negligencia, ni de indiferencia o indolencia. No: aquí hay elementos propios de lo que se denomina una omisión intencional. En derecho penal se habla de comissio per omissionem, y una omisión es decidir no hacer nada. Decido no hacer nada.
¿Y por qué digo esto? Porque precisamente los órganos de gobierno que circundan al pueblo, las instituciones —por usar un término genérico para referirme al Estado—, no están haciendo lo que se debe hacer: como se debe, cuándo, dónde y por qué. Cosas que yo creo que ni siquiera habría que explicar. Y la situación muestra claramente, de forma deliberada, que no quieren hacer nada.
Mucha gente insiste en que no hay que politizar la tragedia. ¿Qué opina de eso?
Aquí se habla mucho de que no hay que politizar lo que está ocurriendo, y eso es un eslogan engañoso. Puedo comprender parcialmente que se use esa expresión: es producto de que la política en Venezuela ha perdido el sentido de acudir a ayudar al otro, al vecino, a la comunidad. Entiendo a quien dice «no hay que politizar», porque entiende por politizar el partidizar, el ideologizar, meter ideología, partidos y demás.
Pero la política no se ejerce necesariamente desde el Estado, ni siempre haciendo un mitin. Esto hay que tenerlo bastante claro. La política se refiere a la comunidad, a la acción sobre lo común, al bienestar del otro, del vecino, del que tenemos al lado, del que nos ayuda. Es una forma de ordenarnos y de convivir, y eso es importante. Cuando dicen «no politicemos», se refieren a que no se le ponga un color o un partido. Pero nuestra realidad es propiamente política, porque cada uno de los problemas con los que hemos normalizado nuestra existencia en este país son políticos: se deben a acciones de políticos, a acciones de Estado o a omisiones, especialmente como ocurre en este caso que estoy comentando. Eso hay que tenerlo bastante claro.
Usted ha dicho en otras ocasiones que en Venezuela el Estado no existe. ¿A qué se refiere?
Voy con lo siguiente, y por eso hice esa precisión inicial sobre la omisión. Aquí queda en evidencia algo que yo siempre comento: el Estado en Venezuela no existe. Podrán existir algunos elementos de estatalidad —elementos de fuerza pública, de fuerzas armadas, de impuestos, lo que sea—, pero no está consolidado propiamente.
Venezuela, desde sus inicios, siempre ha vivido bajo un esquema personalista. Siempre ha estado entre esos elementos personalistas, voluntaristas, que desarrollan ciertas instituciones en las cuales en realidad no hay nadie. Aquí ha quedado una vez más claro que no existe, bajo ningún esquema, lo estatal, porque no hay instituciones que puedan atender este tipo de situaciones. Todo se realiza bajo las decisiones del régimen que se encuentra en el poder, que no es otra cosa que la oligarquía que manda. Porque la realidad es que se trata de una oligarquía encabezada por una persona: siempre lo he dicho, es una oligarquía autocrática. Un grupo encabezado por uno; así de sencillo. Ese uno es desplazado y viene otro, así de simple. Y ese uno siempre va desplegando elementos personalistas para destacar que es el primus inter pares, el primero entre iguales. Eso hay que tenerlo bastante claro.
¿Cómo funciona entonces esa estatalidad que usted describe como fantasmal?
Evidentemente, ese elemento de estatalidad, la forma política estatal, es básicamente una suerte de fantasma o de espectro que aparece y desaparece, como si lo intentaran invocar. Por eso muchas veces, cuando la gente invoca la institucionalidad, invoca la estatalidad, esta aparece como si usaran una especie de güija.
Y llegamos a un punto en que la gente se vuelca hacia el Estado. Fíjense lo que voy a decir: antes, de alguna manera, se vivía desde la estatolatría, desde adorar al Estado. Pero siempre ha habido una élite que manda y que, conforme a lo que quiere, usa algunos de los elementos que puedan interpretarse como de estatalidad, y hasta ahí. Precisamente por eso están en el poder.
Muchos se preguntan por qué no se usan los recursos del Estado —tanquetas, cuerpo de ingenieros— para el rescate. ¿Cuál es su lectura?
Hago esta apreciación y voy más allá. Muchas personas comentan, y estoy totalmente de acuerdo: ¿por qué no se usan las tanquetas?, ¿por qué no se usa el cuerpo de ingenieros?, ¿por qué no se usan tantos de esos elementos que aparentemente forman parte de la institución? No se usan porque no se quieren usar. No se usan porque dejarían en evidencia lo que carece: la falta de organización, la falta de ese orden.
Y voy también a un aspecto propiamente sociológico: tienen miedo de sacar al ejército a la calle. ¿Cuál es el miedo? Que el ejército dé un giro de 180 grados y los apunte a ellos. Y no hablo de los dos mil generales y los altos rangos, que pueden estar más o menos cómodos unos que otros —eso es una obviedad—; hablo de los rangos bajos y medios, que seguramente tienen múltiples familiares y amigos sepultados en la masacre humana que se está generando tras este desastre natural. Por eso no lo sacan: porque no les conviene, porque quedan en evidencia, porque esa tropa se podría voltear y apuntarlos, y decir: «¿No es usted el culpable? ¿No es usted el responsable?». Esto hay que tenerlo en cuenta. Por eso resulta difícil que ustedes consideren que ellos vayan a permitir tal cosa.
¿Qué papel juega la ayuda internacional y la solidaridad social en este escenario?
Para ellos es más fácil la ayuda internacional, que intentan centralizar, e incluso la ayuda desde el punto de vista social, la de quien se organiza por el otro, por estar en favor del otro, por colaborar con el otro. Es la expresión de las Meditaciones del Quijote de José Ortega y Gasset: «yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo». En efecto, las circunstancias imperan y obligan a salvar al otro para salvarse uno. Por eso se ha visto tanta colaboración, tanta solidaridad, tanta predisposición del venezolano a estar en favor del otro: porque entienden la situación y entienden la realidad.
De igual manera, considero que lo que ha ocurrido, aparte de poner en evidencia el poder de destrucción de la institución social, orgánica, económica y política —en fin, de todo ello—, desnuda que no existen realmente instituciones, y que las verdaderas instituciones son las sociales, las entrañas del cuerpo, políticamente hablando, de la gente: son ellos los que están resolviendo. Lo que el régimen ha hecho es permitir algunas de esas iniciativas sociales, e incluso a veces intentar centralizarlas con el argumento de «no politicen», pero desde esa palestra del poder, para luego decir que lo hicieron ellos, porque ha pasado en muchos casos. También permiten que venga el extranjero a ayudar, lo cual es una forma de quedar bien, y porque les resulta difícil negarse, no solo por ciertas circunstancias, sino especialmente por las circunstancias políticas en las que están, frente a una superpotencia que está por encima de ellos y a la que difícilmente pueden decirle que no. Los usos entre las naciones creo que no necesitan explicación.
¿Cómo valora el argumento de que «el Estado hace lo que puede»?
Están obligados a recibir esa ayuda, entre comillas. De alguna manera intentan centralizarla y aparentar que son ellos, pero sin tener que movilizar capital humano ni incurrir en riesgos. Esto hay que tenerlo claro. Sé que más de una persona dirá que estoy de un bando, porque hay que tener claro quiénes están de un lado y quiénes del otro, y dirán: «bueno, es que el gobierno hace lo que puede», «es que el Estado hace lo que puede».
Pero cuando dicen que hacen lo que pueden, en realidad pueden muy poco. Y pueden muy poco especialmente porque no quieren, sumado al hecho de que carecen de los instrumentos que ellos mismos destruyeron. Y pareciera que, por una curiosidad de la vida, por ironía, el mismo día en que revelaron que la deuda externa es de 240.000 millones de dólares, ocurrió esta tragedia, poniendo en evidencia que somos un país realmente en la bancarrota. Fíjense ustedes: ellos fueron los que quebraron el país, y «hacen lo que pueden»; y si pueden, pueden poco, porque ellos lo destruyeron. Y aparte no quieren. Porque si usaban las tanquetas para perseguir estudiantes, muchachos con escudos de cartón, etcétera, perfectamente podrían usar esas tanquetas para mover escombros, para trasladar personas. Eso hay que tenerlo muy claro.
¿Cómo cree que puede evolucionar esta situación?
Dicho lo dicho, y con esto cierro: que no les extrañe ni les sea ajeno lo que pueda ocurrir tarde o temprano. Esto puede servir. Sé que más de uno dirá que esto les gana tiempo a ellos o les permite atornillarse en el poder. Yo no lo veo así, porque al final han quedado más desnudos que nunca en su incapacidad. Y esto puede servir —no estoy diciendo que vaya a ser así, pero puede servir— para acelerar ciertas cosas, ciertos movimientos hacia la caída del sistema. Sé que muchos quieren que caiga, y que otros están en el ámbito electoral, a veces en el electoralista, cuando se necesitan instituciones para esas elecciones; eso hay que tenerlo claro.
Pero aparte de eso, tarde o temprano, los responsables de estos 27 años de tragedia, y quienes son responsables en buena medida de decidir no hacer nada en este momento, tendrán —como se dice en el sistema jurídico estadounidense, anglosajón— su día en el tribunal. Y nosotros también tendremos la oportunidad de verlos sentados, juzgados, así como algunas personas tuvieron la oportunidad de ver los Juicios de Núremberg, los Juicios de Tokio. Los juicios que también se hicieron por las masacres en África, si mal no recuerdo en Ruanda, o el caso de Yugoslavia, con Milošević. En nuestro caso, puede que tengamos la fortuna de denominarlo, quizás, los Juicios de Caracas. Pero bueno: amanecerá y veremos.
Achille Mbembe, Necropolítica seguido de Sobre el gobierno indirecto (Madrid, 2011), p. 22.





Gran artículo y tremenda entrevista para comprender lo que está pasando en Venezuela después del terremoto, se los recomiendo.
.🫵🔥🇻🇪 *una manera bonita , sencilla y que pasa el examen de los que no luchan sino critican desde la comodidad de no hacer nada. La conclusión es constructiva tenemos una necropolitica autodestructiva que solo se puede deshacer enfrentandole con la sociedad encabezada por María Corina con la calle para finalizar lo obvio lo que oprime , destruye y paraliza nuestra acción para el bienestar social.Todos a la calle sin medias tintas .* 👊🌟🦅🇻🇪🫵